No está todo perdido

Hasta hace no mucho comencé a pensar que ya no había opción, si acaso tragar con lo que había, que no me gustaba, u organizarnos, y plantearnos cambiar las cosas que no nos gustan, por injustas, insolidarias e incluso absurdas. 

No quisimos ahondar en seguir haciendo lo que efectivamente se venía haciendo, y a la vista está de los resultados que no funcionaban, por lo que nos propusimos la propaganda por el hecho y la acción directa, esto es predicar con el ejemplo que decimos los cristianos, y comenzamos por revolucionar nuestro barrio, y movilizar a cientos de personas por una causa, que no desahuciaran a mi vecina, que rehabilitaran la biblioteca, y convirtieramos nuestro vecindario en un lugar mejor. 

No contentos con nuestra hazaña revolucionaria, conseguimos movilizar a la huelga a nuestros compañeros durante días haciendo perder miles de euros a nuestra empresa y saboteando las comunicaciones con el exterior y la propia red, y vaya que mereció la pena, a la semana siguiente conseguimos firmar un convenio que nos garantizaba 30 horas semanales de jornada, con sueldos superiores a los 1.200€/mes de salario mínimo, y descansos de una hora para descansar en el almuerzo, y otra para comer, con paradas cada hora de diez o quince minutos además, y en dos semanas, nos hicimos con la titularidad de la empresa los trabajadores, expropiandola, y tomando los medios de producción con los que trabajamos, ordenadores, red, impresoras etc, y administrando las cuentas y la gestión de la empresa y sus departamentos y delegaciones etc, habíamos conseguido la autogestión obrera, además mandamos a la mierda a las subcontratas que además de los jefes nos birlaban un trozo de nuestro sueldo. 

Quisimos dar otro paso, y confirmamos que el sistema que preconizabamos funcionaba a la perfección, ahora existía justicia social, habíamos abolido la explotación, la especulación y la usura. El Estado lo dejamos porque podía sernos útil para tener una banca y unos servicios públicos garantizados y gratuitos para todos. 

No quedó títere sin cabeza, los corruptos les pusimos a picar piedra en mi pueblo, van a flipar cuando vean que allí no hay nada debajo. 

Y la igualdad social era evidente, hombres, mujeres, niños, inmigrantes, todos disfrutabamos de mismos derechos, oportunidades y libertades, habíamos eliminado el machismo de raíz con la educación, y las desigualdades desmontando el sistema capitalista imperante hasta entonces. 

Se podía decir que éramos felices, bueno, no del todo, porque siempre había algo que revisar, discutir, votar o perfeccionar, pero al fin y al cabo era nuestro sistema, éramos ciudadanos libres, y soberanos. 

Habíamos cumplido la promesa de no rendirnos, y lo habíamos conseguido. 

España se había emancipado del abuso y la opresión capitalista sin caer en el yugo marxista, y por fin, por fin era libre, la utopía que siempre soñamos quiénes la amábamos para ella. 


Nuestra lucha había merecido la pena, ya podíamos descansar tranquilos sabiendo que habíamos hecho un buen trabajo. 

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