Se acerca nuestra hora, preparémonos para el combate.

Poco a poco nuestra hora está cada vez más cerca, lo palpamos en el ambiente, el capitalismo está cerca del colapso, millones de personas perderán sus empleos y miles de pequeñas y medianas empresas se arruinaran por la avaricia de las oligarquías y los préstamos de raíz usuraria.

La libertad del pueblo, confinado en sus casas, cientos de miles de obreros sin poder ir a sus trabajos, decretos totalitarios de la dictadura globalizante que impide abrir los comercios con la excusa de un virus que los imperialistas americanos se han encargado de propagar, mientras algunos gobiernos de corte masónico reconocen abiertamente que se trata de una guerra biológica, y que el genocidio de la raza blanca y el pueblo europeo es legítimo para las élites del capitalismo mundial.

Esto no es ya una crisis por eso que se ha dado a llamar Coronavirus, ni es una crisis climática, sino una crisis financiera mundial oculta bajo esa espuma que infunde el miedo en la población y la incita a obedecer y a callar, por supuesto con el apoyo del ejército y la policía de los Estados así como los servicios secretos que monitorizan permanentemente los dispositivos con conexión a Internet para verificar que nadie sale de su casa.

Las sagradas escrituras ya lo advirtieron, nosotros lo advertimos, durante el Tercer Reich se advirtió, ya no importa, ahora se trata de armarnos de valor, de formación, de oratoria y comenzar a reflexionar y tomar estrategias para enfrentar el Tercer Milenio, no sabemos si nuestro movimiento será de base Nacionalsocialista o Nacionalsindicalista, ni de carácter Racial ni si hundirá sus bases en la Doctrina Social de la Iglesia, aún no sabemos nada, absolutamente nada, tan solo estamos comenzando a reorganizarnos, somos más de los que los gobiernos quisieran que fuésemos, conocemos más acerca de la realidad que nos rodea de lo que cabría esperar. Somos revolucionarios, si, somos vanguardia, sí, pero ante todo aspiramos al restablecimiento del viejo orden europeo.

Y el desmantelamiento del patrón oro, y el sistema de relaciones capitalista, no creemos en la lucha de clases, sino en armonizar capital trabajo, aspiramos a que el capital y las empresas estén al servicio del pueblo y los trabajadores y no al revés. Pretendemos implantar un Estado profundamente socialista y en el que los sindicatos sean la principal herramienta de los trabajadores para hacer valer sus derechos. Entendemos que la raza, la tierra y la sangre como elementos que configuran la historia y la tradición de los pueblos tienen prioridad absoluta en nuestro movimiento, y con la ayuda de Dios lograremos el triunfo.