Constituciones, Liberalismo y demás hierbas del Posmodernismo (I)

Todos en nuestra familia o círculo de amigos siempre tenemos la típica persona especializada o entendida en leyes que nos dice, no, no llevas razón, la ley dice esto, vivimos en democracia, eres libre, tenías que vivir en Dictadura para saber lo que es. Si lo piensas, no es que estás personas sean entendidas en nada, pues la ley se la aprenden sí, pero con el filtro y el discurso monolítico del sistema establecido repitiendo consignas del pensamiento único justificando una y otra vez que no hay censura, que claro, que si niegas el Holocausto o investigas, normal que te persigan, que si reivindicas el Nacionalsocialismo no se puede tolerar tu existencia porque claro, la libertad acaba donde empieza la del otro, y no sé qué burradas más con tal de aplicar la censura, eliminar tu voz, incómoda siempre a los papagayos del Régimen y molesta para los que no creen en nada pero tampoco quieren problemas, no por nada, sino porque se les ha educado en el terror y el miedo a pensar y ser libres.

Es curioso ver cómo ahora en los pueblos que en tiempos de bonanza están encantados de recibir a turistas, y contratar inmigrantes extraeuropeos con tal de ayudarles en la cosecha a precio de esclavo, de repente, cuando vienen mal dadas el egoísmo, el individualismo se vuelve a apoderar de su mediocridad espiritual y hacen suyo el ‘salvese quien pueda’ luego cuando lo necesitan reclamarán ayuda ajena, mientras se toman el lujo de rechazar, no ya al extranjero, sino al nacido en su pueblo, al hermano de sangre, cultura y raza, al hermano que marchó del pueblo por trabajo pero que siempre que tiene oportunidad vuelve, porque ama su pueblo, siente sus raíces, lo que uno es. Al hermano, se le acusa de forastero incluso por vecinos que ni siquiera han nacido ni son descendientes de nadie en ese pueblo, antes está el renegado de su tierra o el inmigrante que será mejor recibido por estar de paso, ser más dóciles o económicos que quien es realmente del pueblo y puede incluso ser incómodo a la hora de denunciar el estado de cosas del municipio y la forma de vida degenerada y corrupta de los habitantes de todo el año del pueblo.

Ya no es simplemente bastardización de la raza como diría un camarada, sino degeneración absoluta y pérdida total de cualquier atisbo de humanidad, en la cual cada uno va a su interés, a mirar su propio ombligo, con la consiguiente consecuencia de que ya no es importante la Patria, el pueblo, la sangre, la raza, el bienestar de tus vecinos, la dignidad para vivir, la justicia. Llega un punto en que solo se piensa en subsistir, en pisotear al de al lado con tal de sobrevivir yo, en no preocuparse por el destino del vecino, hemos llegado a un punto de no retorno en el que el individualismo repugnante del hombre liberal hace estragos en nuestra vieja Europa, y no es algo que lo diga yo, basta con viajar a cualquier pueblo de España o tratar de volver y descubrir cómo funcionan hoy las cosas allí. Descubriréis como los alcaldes solo se preocupan por hacerse su casa o vivir del sueldo correspondiente, los vecinos tratan de vivir de ayudas, y procuran por lo general de hacer del pueblo un lugar poco agradable, incómodo, donde todo se pierde, hasta las fiestas tradicionales se atrasan para que según ellos haya menos forasteros, forasteros que financian el pueblo cuando van, sacan adelante los bares con su consumo y sobretodo, han nacido allí y son hijos, nietos y bisnietos de ese pueblo. Descubriréis que en tiempos de bonanza todos somos muy agradables y bienvenidos, pero cuando vienen mal dadas, no se nos quiere en nuestro propio pueblo. Curiosa paradoja ésta, que rechaza a los del pueblo mientras abraza al de fuera, en las grandes ciudades sucede igual. El de fuera no va a cambiar el orden de cosas ni va a denunciar aquello que está mal, a la masa le conviene, el de aquí, puede rebelarse, puede darse cuenta del pastel que está organizado y echar todo abajo. ¿Entendéis ahora?