De una Sociedad débil surge la Revolución Social

Ya hemos visto como España se está polarizando en extremos políticos, polarización que, eso sí, es controlada por el Estado a través de sus organizaciones, tanto antifascistas por la izquierda marxista, como por partidos de tendencia nacional liberal por la derecha, no obstante, a lo largo de la historia, y más en nuestra historia reciente, los genios de la política, los líderes carismáticos y estadistas han surgido y proliferado en tiempos de crisis, en tiempos de persecución y control por el Estado y sus organizaciones satélite.

Es ahora cuando empieza a surgir los intelectuales que estamos llamados a romper y plantear nuevos esquemas en base a los valores tradicionales y las ideas que proponen transformaciones sociales y económicas radicales con objeto de combatir el mundialismo y recuperar nuestra soberanía popular frente a una economía cada vez más global y menos social, en la que solamente los grandes empresarios, las oligarquías que mantienen el monopolio en determinados sectores, y los Estados que dirigen la Unión Europea pero que sin embargo, desde agricultores a autónomos pierden, los pueblos pierden, los obreros perdemos, se nos proletariza, se precariza nuestras condiciones, se abarata nuestro despido a la par que se nos impide poder emprender un trabajo de manera autogestionada y libre del control del capitalismo pues sino cotizamos se nos niega el derecho a la Sanidad, a un subsidio de desempleo, y se nos exige al mismo tiempo tasas imposibles de pagar para poder ejercer de autónomos.

Ahora es cuando el Nacionalismo radical juega un papel imprescindible en la lucha por la auto preservación de los pueblos, y sus condiciones frente a la globalización cada vez más brutal y que comienza a tomar un cariz cada vez más totalitario similar al que tomó la Iglesia Católica en sus primeros años cuando decidió someter a los pueblos cristianos que no se sometían a su jerarquía y orden establecido o que pretendía imponer por fuerza.

Nosotros como pueblo tenemos ahora el deber de canalizar las angustias de nuestro pueblo, darles la ilusión y las herramientas para su organización vecinal, sindical y popular, de garantizar que desde el poder no se anulen nuestros Convenios Colectivos y logros sociales conseguidos durante siglos, como la jornada laboral, nuestros sueldos, los contratos que de por si, ya son precarios y temporales.

También tenemos el deber de impedir que militaricen nuestros barrios obreros, o que los sectores liberales los ocupen para provocar a nuestros vecinos y poco a poco que haya un aumento del control social por el Estado en tanto al haber mayor escalada de violencia, habrá mayor presencia policial, en especial si los vecinos nos vemos obligados a salir a defender nuestros barrios de presencia enemiga.

Volviendo al tema laboral, con la excusa del teletrabajo se está aprovechando para que empresas y subcontratas atenten contra nuestra privacidad a través de sistemas informáticos controlando nuestros descansos, el tiempo que estamos conectados e incluso nuestra Red doméstica, lo cual es un atentado contra las libertades, y no solo, sino también contra nuestros derechos, pues hacemos las mismas o más horas que en oficina, sumado a reuniones fuera de horario laboral que no se pagan ni se cuentan como parte de jornada laboral, por tanto se llama explotación laboral.

El capitalismo está dando sus últimos coletazos y la única opción que les queda es aplicar leyes y medidas satánicas como impedir que los médicos hagan su trabajo imponiéndoles protocolos que no sirven fomentando así el genocidio de poblaciones enteras de manera deliberada por los gobiernos liberales, generando dependencia económica del pueblo para evitar que se rebelen, o enviar a sus Cuerpos de Represión Profesional también conocidos como Policía o Ejército a multar, detener, vigilar y perseguir a quién mantenga una Resistencia al Orden Capitalista establecido o incluso se organice para la lucha revolucionaria.

La única opción que nos queda es la lucha radical e implacable contra el orden establecido, sus injusticias, sus ataques, y sus males, golpe a golpe, hasta que el Capitalismo caiga con todas sus consecuencias de manera definitiva y para siempre, y sea sustituido por un Nuevo Orden Social, Revolucionario y Nacional donde la usura, la explotación, los abusos de poder, la injusticia y la sumisión no tengan lugar.

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