La dictadura del Terror

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El SocEsp había dado un golpe de Estado en democracia, aunque teóricamente habían logrado ser la fuerza más votada, no eran mayoritarios, es más el pueblo les rechazaba por abrumadora mayoría, si ostentaban el poder era con ayuda de las élites financieras del país, las empresas que cotizaban en bolsa, y grupos de choque callejeros. Su poder era pactado con organizaciones dudosas, de cariz sectario y radical, daba igual, pues el Presidente quería formar gobierno a toda costa, la oposición, acobardada, no tenía más aspiraciones que el no ser señalados como meses antes lo habían sido, a pesar de merecérselo por sus delitos cometidos contra la economía del pueblo, y el honor del Partido Interior. El poder se fortalecía a la sombra del Gobierno Sionista de Ocupación, los grandes organismos supranacionales, a expensas de la independencia nacional, se aplicaban medidas restrictivas, pero ninguna solución, estaban en plena Peste, una Peste traída desde laboratorios extranjeros, Peste que asolaba a miles de ciudadanos en la Vieja Europa. Mientras el pueblo, aunque equivocado en sus preceptos, o sometido a organizaciones controladas por el Estado, aunque de manera sincera, iban saliendo a las calles, portaban una enseña, la de su país, aquél que hacía menos de un siglo había derrotado a los que hoy se sientan en el Palacio Presidencial por las armas, pero daba igual, culturalmente habían perdido, la lucha la habían regalado con cuarenta años de ambigüedad, autosabotajes y pasotismo. No tardarían en lamentarse. Otro grupo les había robado a su gente, la misma que nunca supieron conservar pese a los esfuerzos hechos. El pueblo, que salía en barrios obreros, el proletariado nacional, era amedrentado por los Hunos al servicio del Estado policial, los Hunos tenían un curioso nombre, Antifascistas, decían luchar contra el capitalismo, sin embargo vivían de él, hablaban contra el autoritarismo pero no dudaban en agredir y aterrorizar a barrios enteros sin que nadie les plantase cara a todo el que pusiese en cuestión el orden establecido cuando los suyos gobernaban, incluso a costa del pueblo que no les quería. Luego estaban los Godos, estos, solían camuflarse, iban a las Cortes y organizaban grandes marchas patrióticas con banderas nacionales, hablaban de libertad y de derechos constitucionales, sin embargo, tampoco aceptaban a nadie que no se sometiese a sus directrices o creyese en una Patria Justa y Libre. Se creían dueños de las banderas estos Godos porque nunca usaban sus símbolos, pero se apropiaban de símbolos que debiera enarbolar el pueblo sin sentirse identificados ni con los Hunos, ni con los Godos, estos además pactaban, con Roma, que ahora se encontraba el la oposición del Parlamento Imperial del Estado Ibérico. Nosotros que eramos los celtas, los sefarditas, los sometidos, los perseguidos, los disidentes, teníamos que aguantar las iras y agresiones de los Hunos que estábamos hartos y que acabaríamos respondiendo agresión por agresión, como ellos a veces exhibían en su propaganda roja, y a la vez la censura de Roma y los Godos, que tenían un miedo atroz a que pudiesen confundirles con nosotros debido a que usábamos un lenguaje similar, y unos símbolos muy parecidos y con relaciones hístóricas semejantes. En Vascongadas, había un grupo pagado por la Inteligencia del Partido Interior que servía para radicalizar a la población menos formada, y a la vez como fuerza de choque en la calle, atemorizando a cualquier Celta o Vikingo que se atreva a poner en duda la Mitología del autoproclamado Estado Vascón y sus formas, e incluso planteamientos, planteamientos que como los Hunos los basaban en el exterminio físico de la población de la que sus casi mil Vascongados, Celtas y Romanos habían sido asesinados por igual, solo por no someterse a su Mafia y Control del territorio, cuando este grupo desapareció, surgieron otros, a los que el pueblo votaba en las urnas, no obstante en otras zonas de Iberia el pueblo tuvo que seguir aguantando la violencia y el matonismo por parte de una minoría subvencionada por la Confederación de Estados Ibéricos controlada por el SocEsp y el Partido Exterior que se empeñaba en tiempos de Peste en señalar e impedir el libre funcionamiento de las leyes del Estado y los derechos del pueblo, por el simple hecho de que un habitante del Municipio portaba los colores de su nación, o denunciaba la mala gestión del Estado, con el SocEsp en el poder.

Algunos años después, cuando todo estaba lleno de antenas, microchips, y los móviles completamente monitorizados, es cuando los Celtas, se dieron cuenta del error de no haberse rebelado a tiempo y no haber aplastado tanto a nivel teórico sobre todo, como a nivel legislativo, a toda fuerza del sistema, pactista o subvencionada.

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