El miedo va a cambiar de bando

Hacia tiempo que no escribía, pero hoy la ocasión lo merece, cuando ves como en los trabajos nos menosprecian nuestro trabajo, nos humillan ante chivatos y serviles afiliados a los Sindicatos Verticales o Comités de Empresa que viene a ser lo mismo, nos amenazan los jefes e incluso los compañeros debido a que damos prioridad a la calidad de nuestro puesto a la imagen o la vestimenta, en Verano, sí señores, aparte de tener sueldos de miseria, ser ahora envenenados con virus y demás bacterias de laboratorio, y estar bajo presión de no perder nuestro puesto de trabajo, además, se nos dicta desde las ejecutivas de las empresas grandes como hemos de vestir, que pensar, que decir y hasta con quién hablar y si tenemos o no que mandar a la mierda a una persona si nos falta el respeto por miedo a que nuestro patrón quede mal ante sus propios jefes. Si señores, en los últimos años la esclavitud del asalariado se agudiza, y lo que es más grave, ninguna organización sindical hoy por hoy se opone ni plantea alternativas al respecto, pero que vamos a esperar de organizaciones que bajo un paraguas social viven del Estado Capitalista y a veces de las propias empresas que dicen querer cambiar.

De la imposición de taparnos la boca con bozales quirúrgicos fuera de espacios cerrados en lugar de fomentar medicamentos económicos para curar una enfermedad que el propio sistema ha creado, o de esperar rebelión alguna del pueblo contra cualquier orden dictada desde el poder, mejor ni hablamos. El poder ha sabido convertir y dirigir bien a sus ovejas, voluntariamente siguen y obedecen porque lo dice la ley, es lo que hay, y no quiero problemas, y si te opones, eres un Fascista, un Radical y alguien peligroso, y hay que erradicarte o aislarte, así estamos, y esto es solo el principio. Una sociedad totalmente amorfa, sin personalidad, mestiza, sin capacidad de crítica, y con un total desconocimiento por su propia historia, eso es lo que busca y conviene al Régimen de 1789. Con razón durante años se nos ocultó y se nos ha hecho creer que nuestros ancestros eran poco menos que bestias que pretendían arrasar Roma y Europa, nos acostumbran desde pequeños a que lo bueno no es vivir con nuestra tribu o familia, con nuestros iguales, sin mezclarnos, pero sin pisotear al de al lado, en tradición, o de una manera comunal o horizontal como nos enseñaron a vivir los Carpetanos, escandinavos, suevos, alanos, vascones etc sino que eso para el sistema es perjudicial porque es ser parte del pueblo, de la Comunidad por lazos de sangre, afinidad, valores, algo que dificulta la integración en un Estado, el sometimiento e incluso fomenta la rebelión, ya lo vimos con los zelotes en Israel hace dos mil años. Lo que pretendió siempre el Estado al poner a Roma de ejemplo era normalizar la sumisión, la represión, los valores del Estado y no del pueblo, la asimilación forzosa de pueblos, la disolución de las diferencias, pues ello hace a las personas con una capacidad mayor de mansedumbre y acatamiento de las reglas y dificulta su organización e identificación con el de al lado como un igual para derrocar al poder, pues lo que importa no es la persona, sino mantener el poder a toda costa, y para ello hay que despojarle al hombre de su libertad, su espiritualidad y su identificación con su tribu o comunidad, no solo, también hay que enfrentar obreros con obreros, vecinos con vecinos, dividir a la sociedad, perseguir al díscolo y eliminar cualquier atisbo de posibilidad de oposición popular. Hoy vemos que en casi todas las empresas se señala y denuncia al compañero, se da el chivatazo, sino ya se encarga el jefecillo de turno de dar la voz de alarma, es una voz discordante, es peligroso que una persona así pueda gustar y tener popularidad en la empresa, es mejor apartarle, por el bien del jodido capital y la imagen de empresa, y tratarle como a alguien que bueno, tiene sus cosas, así se evita sacar el tema o que nadie se movilice por la causa del obrero, teniendo o no razón. Luego están los que callan, los que miran para otro lado, los del ten cuidado, son los peores, sabotean cualquier posibilidad de lucha, son expertos en sembrar dudas, temor y cizaña, se justifican en que tienen que mantener un puesto de trabajo porque tienen familia, aunque ello implique renunciar a su dignidad o regalar parcelas de libertad y privacidad a la empresa.

Son los típicos que aconsejan, pero sin mojarse nunca, si tienes un problema se unirá al fuerte si considera que está protegido para señalarte y no le echen.

Esto es así, guste o no, y frente a ello solo nos queda una opción, autoorganizarnos, lucha radical y a por ellos.