LA OLIGARQUÍA DE LOS DEGENERADOS

Pero… puede suceder que el Parlamento se haya elegido de modo que no estén satisfechos los oligarcas de la pluma; o que los magnates ocultos de la Prensa capitalista no hayan sacado bastante ración en la revuelta… o, simplemente, que los vividores del escándalo se cansen de ver a la Nación demasiado pacífica. Hay que volver, entonces, las cerbatanas contra el Congreso; hay que sabotear la “representación nacional”, que -ahora- resultará no representar “al pueblo”; que fue elegida impuramente, o que se aleja con la mayor contumacia de los imperativos de aquél… Lo dicen los doctores con la misma solemne indignación, con idéntico gesto sibilítico que sirvió antes para decir lo contrario. Y así, la Crítica Omnipotente, el poder superior de los que más chillan derriba legislaturas parlamentarias… o llega a entronizar un nuevo dictador, en pueblos tan profundamente extra – parlamentarios y con públicos tan viciosamente entregados a la voz de los escándalos, como son los nuestros. De igual manera, las oligarquías de la pluma pueden mantener entre un remanso de alabanzas -y esto acaso lo veamos- una representación adulterada, que ejerza verdadera tiranía de partido… o que en sí misma subvierta su mandato para convertirse en instrumento traidor del populacho agitado en la calle… No hay, pues, ni Constitución, ni Parlamento, ni Pueblo, donde, en realidad, se mueve la vida del Estado a compás del escándalo o de la insidia, cultivados profesionalmente por un grupo de desconocidos, puestos en la cumbre de la llamada “opinión pública”.

Libertad, núm. 3, 27 de junio de 1931