Creo en la Revolución

No me puedo considerar Antifascista porque mi raíz doctrinal es de actitud Fascista, procedo del Vanguardismo y el Futurismo, de la ruptura y la creación de algo novedoso que parte de cero, aunque se contagie sanamente de la tradición indoeuropea y judeocristiana principalmente. No simpatizo con el Marxismo por asumir sus tácticas de lucha, como tampoco soy Anarquista por ser fiel a la libertad y la dignidad que Dios me dió. No soy Nacionalsocialista al rechazar la parte esotérica y matizar la cuestión étnico racial del movimiento alemán, como tampoco soy Falangista en tanto no creo en la uniformidad y el mestizaje de la nación. Creo en Dios, las enseñanzas de la Biblia, en mi deber de proteger la tierra que me engendró y de la que he heredado su genio y carácter, en la defensa de la justicia y el bienestar de mi pueblo frente a un poder bastardo que arruina moral y económicamente a nuestra gente. Creo en la construcción de algo nuevo cuando lo viejo ya no da frutos, o los da malos. Creo en la Revolución, en las transformaciones sociales y en romper con lo establecido. Creo que hay que acabar con los tabúes y los complejos, en abrazar la vida de Milicia y FE, somos mitad monjes, mitad soldados, como aquellos Templarios y aquellos Teutones que lucharon hasta el último palmo por defender su patria del enemigo extranjero y enarbolar la bandera de Dios Padre en territorio nacional. Somos hijos de aquellos paganos que desafiaron a Roma y se plantaron en la Península Ibérica durante siglos. Creo en la destrucción de las fuerzas reaccionarias y sirvientes al orden Capitalista establecido y su sustitución por un Nuevo Orden, una estructura de carácter puramente nacional y popular, y un hombre nuevo, el hombre hispánico frente al hombre cosmopolita de la modernidad. Creo en rescatar la tradición, recuperar la historia, y adaptar toda idea o sistema político, social y económico que pueda llevar al crecimiento y la mejora de nuestras naciones. Creo en mi pueblo, en mi raza, en mi historia, mi Tradición y mi nación, y pese a que éste pasando por un periodo difícil, saldremos más fuertes y victoriosos que nunca aunque seamos una minoría a la vanguardia los que tengamos la obligación de su conducción.